La Rana Roja

Nadie es profeta en su tierra

¿Sabes de dónde nace esta expresión?

Es un “decir” o “dicho” que se ha popularizado durante miles de años, y que se sigue escuchando en centros educativos, en hogares, en empresas y plantas industriales. Por ejemplo cuando un miembro del equipo trata de compartir con el resto cierto conocimiento o sabiduría acerca de cómo hacer mejor las cosas o de cómo lograr que las cosas se hagan mejor o trasmitir el aprendizaje de un fracaso o fallo que ha tenido. Por cierto, ¡esto del fracaso lo hablaremos en una mirada al techo más adelante!

He tratado de buscar los orígenes de esta expresión (Nadie es profeta en su tierra) que se ha vuelto muy popular en nuestros tiempos, y he encontrado el que podría ser uno de sus principios. Buscando entre muchos de los relatos que ha habido durante toda nuestra historia acerca de profetas o personas que con su sabiduría sobresalen del resto de los mortales, he visto que la gran mayoría por no decir tristemente TODOS han sido perseguidos, apresados o han tenido un destino final muy triste. De estos relatos he tomado el de Jesús de Nazaret, muy conocido tanto a nivel religioso, como personaje importante en la historia.

Jesús de Nazaret fue considerado un profeta en su tiempo. Pero como todos los profetas, estuvo expuesto al menosprecio, incluso de quienes lo conocían. Su destino no fue distinto al de muchos profetas de su tierra. La historia de la vida de Jesús (su doctrina y milagros) se recogen en cuatro relatos que llevan el nombre de los cuatro evangelistas que lo escribieron. En uno de estos evangelios se relata un momento en el que se pudo haber dado origen a la expresión ¡Nadie es profeta en su tierra!

Les invito a leer el siguiente relato del Evangelio de Marcos (uno de los cuatro evangelistas):

“Jesús se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: ¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es ésa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?. En ese momento para ellos Jesús era motivo de escándalo. Por eso les dijo: Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa. Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de sanar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y Jesús se asombraba de la falta de fe”.

Más allá de si somos religiosos o no o si profesamos o no alguna fe, si miramos este relato, podemos ver que si lo llevamos a nuestras diferentes contextos, tiene total aplicación. Si hacemos alguna analogía con nuestro contexto, parece ser que es impensable que una persona de nuestro equipo se le pueda ocurrir una idea brillante o que pueda conseguir un nuevo conocimiento que puede servirnos a todos, al parecer creemos que la sabiduría solo puede ser impartida por un externo un “Gurú” o un “Experto Consultor”.

A cuántos de ustedes les ha pasado que:

  1. Le comentan algo a su esposa/esposo, novia/novio, hijo/hija; él/ella ni si quiera le hace caso o le mira con cierta incredulidad, pero de pronto un amigo/a le da un consejo a su esposo/ esposa, novia/novio etc. y él/ella le dice un día:

¡A por cierto!, Sabes que haré tal cosa que me parece fenomenal, porque “fulanito” me ha dicho esto y me parece buena idea… y su cara (la de usted que se lo lleva diciendo desde hace mil años) se queda así como… ¡Pero si yo llevo años diciéndotelo y no me haces caso!

¡Usted no es profeta en su tierra!

2. En sus trabajos proponen una acción de mejora o cambiar algo o intentar algo nuevo, simplemente no les toman tan en serio como si lo dijese un “Gurú” (que por cierto muchos de esos Gurús no hablan de sus fracasos, solo éxitos).

En ocasiones en mi papel de consultora, he presenciado que al llegar a un lugar de trabajo o contactar con un nuevo cliente, existe al menos
un persona del equipo de trabajo que tiene ideas claras, que ha intentado por años impulsar una mejora y que sin embargo NADIE LE ESCUCHA… hasta que un consultor llega y a veces le creen en ocasiones a ciegas.
Seguro a usted también le ha pasado esto.

¡Usted no es profeta en su tierra!

3. En las Universidades y Centros de enseñanza he visto, con gran tristeza, como se van apagando las llamas de muchas de esas personas que tenían grandes ideas o una energía diferente dentro. Estas personas pierden la energía o interés o simplemente se marchan a otras tierras donde si los tomaran en cuenta.

Se habla mucho acerca de lo importante de tener una oveja negra en el equipo, aquélla persona que aporta ideas disruptivas, que lo juzga todo (pero aportando, no destruyendo) y que a veces con brutal franqueza es capaz de decirnos que tan equivocados estamos o que tan alejados estamos; pero la verdad de todo es que si encontramos esa persona en el equipo, más que una bendición, la vemos como una piedra en el zapato y la vamos tratando de volver BLANCA. A ver no quiero decir que nos volvamos Míster NO, NO se puede, NO, No, NO, a esa persona no la queremos porque su NO generalmente viene sin aportes ni ideas, pero si
queremos a esa persona que nos ayude a buscar caminos para lograr mejores resultados, ya que probablemente tal como lo estamos haciendo ahora no nos conduzca a ello. Ello no implica que desaprendamos todo lo que nos ha llevado a ser lo que somos hoy, pero si que lo usemos como memoria histórica para no seguir cometiendo los mismos errores.

Todos desde nuestras perspectivas tenemos cosas que aportar con más o menos éxito, pero al final, las ideas atraen a otras y grandes cosas se pueden lograr, ¡planteemoslas! sin miedo a que sean menospreciadas. Si bien es cierto las personas necesitan que alguien externo acredite (véase un notario) que lo que usted dice es el camino correcto, entonces no está demás buscarse a un mentor (un profesor, un consultor, alguien que le apoye), hasta que con esto logre evangelizar a su equipo de trabajo (este es un concepto altamente empleado en el marketing)..

Muchas de las empresas invierten mucho dinero y tiempo en la formación de los empleados, en buscar el personal clave para desarrollar “X” actividad, en desarrollar esquemas de atracción de talento, pero suelen fallar en construir canales que permitan recoger las ideas y desarrollarlas de forma eficaz.

Después de leer este artículo… ¿construyes canales que permiten recoger y desarrollar las ideas?

Recuerda, trata de ser profeta en su tierra. Consejo de la Rana Roja.

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