THINK TANK – Insights |  Junio 2026

Digitalización del mantenimiento

EXTRACTO

Resumen del encuentro sobre digitalización del mantenimiento celebrado el 3 de junio de 2026, con un profesor de la Universitat Politècnica de València y un especialista en gestión de activos con más de cuarenta años de experiencia. Se debatió por qué fracasan los proyectos de digitalización industrial, cómo evaluar la preparación de la organización y qué indicadores demuestran un retorno real de la inversión.

PONENTES

Luigi Amendola

Dr. Luigi Amendola

CEO en
PMM Innovation Group

(UE-EEUU-LATAM)

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Dr. Jose Miguel Salavert

Mechanical Engineer, Ph.D
Profesor UPV
(ESPAÑA)

Digitalización del mantenimiento: por qué fracasa antes de empezar y cómo evitarlo
La digitalización del mantenimiento se ha instalado como una de las grandes promesas de la industria, aunque conviene abordarla con una dosis saludable de escepticismo. ¿Por qué tantas iniciativas se desvanecen antes de ofrecer un solo resultado tangible? En un encuentro reciente, dos profesionales con trayectorias complementarias —un profesor de la Universitat Politècnica de València y un especialista en gestión de activos con más de cuarenta años de experiencia internacional— coincidieron en un diagnóstico incómodo: el obstáculo casi nunca es la tecnología. La pregunta verdaderamente pertinente no es si la herramienta funciona, sino si la organización está preparada para sostener el cambio.
 
Un punto de partida lleno de contrastes
El caso español resulta revelador y, en cierto modo, paradójico. La población destaca en habilidades digitales básicas, con un 62,2 % frente al 55 % de la media europea; sin embargo, la adopción de servicios en la nube apenas alcanza el 27,2 % y la proporción de especialistas en tecnologías de la información se queda en el 4,4 %, por debajo del promedio comunitario. El contraste se agudiza al mirar por sectores: la banca, las telecomunicaciones y la ingeniería figuran entre los más avanzados, mientras que el mantenimiento industrial permanece rezagado en la incorporación de inteligencia artificial. Subyace una tensión difícil de ignorar: la tecnología progresa de manera exponencial, mientras las organizaciones evolucionan a un ritmo apenas logarítmico.
 
Por qué fracasa la digitalización del mantenimiento
Si la capacidad técnica existe, ¿dónde se rompe entonces la cadena? Los proyectos suelen naufragar cuando se digitaliza un problema sin haber resuelto antes sus causas raíz, o cuando falta una estructura clara alineada con los objetivos del negocio. A ello se suman datos inconsistentes y de baja calidad, una desconexión persistente entre operaciones, mantenimiento, ingeniería y finanzas, y la ausencia de un valor esperado bien definido. Tampoco ayuda subestimar el esfuerzo organizativo que exige cualquier transformación. Una frase resume el sesgo cultural que arrastramos: en demasiadas ocasiones «nos mueve más las ganas y el corazón que la mente». El resultado es un gigante con pies de barro, un edificio levantado sin cimientos que termina por digitalizar la propia ineficiencia.
¿Está su organización realmente preparada?
Antes de adquirir cualquier plataforma conviene formular una pregunta más exigente: ¿está la organización en condiciones de cambiar su manera de trabajar? Las normas UNE 0060 y 0061 establecen los requisitos que definen a una empresa como digital, pero el primer paso es menos normativo y más humano. Sin un compromiso explícito de la alta dirección, dispuesta a invertir y a liderar, el proyecto carece de raíz. Querer es poder, y en este caso querer corresponde a quien dirige. La preparación se levanta sobre procesos estandarizados, datos confiables, competencias adecuadas y decisiones basadas en riesgo y valor. La inteligencia artificial y el aprendizaje automático son habilitadores, no cimientos; integrarlos sin una base sólida solo acelera el desorden. La verdadera preparación exige integrar mantenimiento, operaciones, ingeniería y finanzas bajo una misma estrategia, con una ejecución casi militar en la que cada nivel de la organización comprende su papel. Las pequeñas empresas, lejos de quedar excluidas, pueden apoyarse en consultores con experiencia para suplir la falta de recursos internos y resistir el conocido «FOMO», ese impulso de comprar la última herramienta por miedo a quedarse atrás.
 
Indicadores que demuestran valor, no datos acumulados
Una digitalización del mantenimiento bien planteada debe traducirse en métricas verificables, y no en cuadros de mando saturados de información sin propósito. Entre los indicadores que conviene vigilar destacan los siguientes: 
  • La disponibilidad operacional y la confiabilidad, expresada en un tiempo medio entre fallos cada vez más alto. 
  • La mantenibilidad, reflejada en un tiempo medio para reparar progresivamente más reducido. 
  • Los costes de mantenimiento por unidad de producción, la rotación de repuestos y los niveles de servicio. 
  • El retorno de la inversión y el retorno sobre el capital invertido, junto a la disminución de eventos críticos y pérdidas operacionales. 
  • La efectividad sostenible del activo, vinculada al consumo energético y a las emisiones. 
Existe, además, una advertencia metodológica de peso: los indicadores deben existir antes de iniciar el proceso. Sin una línea base histórica resulta imposible demostrar mejora alguna, pues no hay término de comparación. Conviene recordar, asimismo, que cualquier métrica que acabe expresada en euros resulta universalmente comprensible. El temor a medir el retorno, todavía sorprendentemente frecuente, suele esconder proyectos que nunca llegaron a definir su propósito. 
No faltan referencias de éxito. En España ya operan grandes compañías con la mano de obra, los materiales y los sensores de monitorización plenamente conectados, capaces de anticipar el fallo y de cuantificar su retorno. La diferencia entre estos casos y los que se estancan no reside en el presupuesto, sino en la disciplina con que se midió el valor desde el primer día.
 
Del entusiasmo a la estrategia
La conclusión es tan sencilla como exigente: la digitalización es un medio, no un fin. Los proyectos no son caros ni baratos en abstracto; lo determinante es el retorno que son capaces de generar. Abordar la digitalización del mantenimiento con rigor implica empezar por los cimientos —procesos, datos, personas y liderazgo— antes de incorporar sensores o algoritmos. La curiosidad por la tecnología es legítima y necesaria, pero solo un escepticismo disciplinado, el que reclama valor medible en cada paso, transforma una promesa digital en una ventaja competitiva sostenible.

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